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24 LETRAS X SEGUNDO

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CINE, LITERATURA, ARTE, SOCIEDAD Y CULTURA

RECUERDOS DEL CAMINO

05 10/06
Etiquetado con: literatura

Recuerdo la primera vez que manejé un automóvil; fue en la colonia Obrera en la ciudad de Poza Rica, Veracruz, tenía trece años cuando Carolina, la mayor de las hermanas, me dio las primeras lecciones de manejo. Era un Ford doscientos, ese modelo de los años sesentas que tan buen servicio prestó.
En aquella tarde de verano, un sábado quizás, había poco tráfico, y lo más difícil era sincronizar el cambio de velocidades con el embrague y luego acelerar. Sin embargo, experimenté una dicha enorme al desplazarme sobre ruedas, con la sensación de la velocidad, el viento entrando por la ventana y el claxon que tocaba a la menor provocación.
Recuerdo también los viajes nocturnos a Tampico, a visitar a mis primos, el silencio del camino y la carretera iluminada por los faros del automóvil, mientras buscaba en el cuadrante del radio alguna estación que pudiera sintonizarse. Los ruidos de estática radiofónica, el estruendo de los camiones al cruzar en sentido contrario, no impedían que terminara dormido, arrullado por el movimiento del auto.
Viene a mi memoria, el día que le regalaron un Volkswagen verde a mi padre, por sus años de servicio en la embotelladora, parecía muy feo comparado con el modelo americano en que aprendí a manejar. Pero la verdad sea dicha, nos dio un servicio inmejorable, sobre todo cuando nos mudamos al Distrito Federal, en donde las distancias son enormes. Fue aquí donde tuve los dos únicos incidentes de tránsito que he sufrido. Ambos leves y sin importancia, similares incluso. El típico amarrón del coche de adelante y frenos para que son buenos. El resultado; un choque de defensas y a arreglarse, pues entonces ni seguro se usaba.
Recuerdo que en ese mismo “bochito”, tuve los primeros “fajes” universitarios, allá por los entonces solitarios terrenos del circuito exterior en la Universidad Nacional.
Cuando terminé la carrera de Ingeniería, mi padre me regaló un Nissan como premio. En ese mismo fui a la iglesia a casarme con la novia de aquellos encuentros fogosos, y además académicos, tanto para la carrera como para la vida misma. Por cierto, meses más tarde, me robaron la unidad mientras compraba boletos para la Reseña Internacional de Cine, aquella que se celebraba en el cine Roble; que nunca olvidaré, por la buena calidad de sus películas y porque nunca recuperé el automóvil.
Un compañero de trabajo de mi esposa, nos vendió su camioneta Brasilia, estaba muy “corrida”, pues diariamente se desplazaba a trabajar de Cuernavaca al Distrito Federal, aunque en realidad nos dio muy buen servicio, pese a sus muchos kilómetros recorridos. Luego decidí venderla, cuando me enteré que el amigo de mi mujer, había muerto en la carretera en su coche nuevo.
Varios autos pasaron por mis manos, todos de segunda mano, y finalmente, el primero nuevo fue un Cavalier, comprado a crédito en “incómodas” mensualidades. En ese mismo le enseñé a mi hijo las primeras lecciones de manejo, pero nada comparado a mi época, pues ahora hay más tráfico a todas horas, en todos lados y abundan los “cafres” del volante. Además, no tengo paciencia para enseñar y aquello fue poco agradable. Pero aprendió con el tiempo, luego se lo regalé y después me hice de otro nuevo. Ahora con el gusto de comprar un deportivo, de esos con accesorios por todos lados, recuerdo que en la agencia hasta champagne nos dieron al entregarlo. Si, aunque no me crean, lo recuerdo todo.
También recuerdo hoy por la mañana que salí hacia Cuernavaca, tengo un negocio por allá, voy una vez a la semana a “echarle un ojo”, pues ya saben, uno tiene que estar encima sino el asunto se viene abajo. Recuerdo haber salido muy temprano, apresurado por llegar a tiempo al desayuno con un proveedor. Si, eso lo recuerdo muy bien.
Pero no recuerdo que hago aquí, tirado a un lado del camino, sin moverme, tengo frío a pesar de la chamarra y un dolor en el pecho no me deja respirar. Pero aquí me quedo, estoy bien así, mejor no me muevo. El día lleno de luz comienza a nublarse ¡que raro! con tanto sol, ahora tengo sueño, creo que a lo lejos escucho una sirena de ambulancia.
Mejor duermo un rato, como aquellas noches en que papá nos llevaba por la carretera y el movimiento del auto me arrullaba hasta dormir. Recuerdo…

Comentarios

Te estaba leyendo y como lo he disfrutado, vi parte de mi vida ahi plasmada, los cambios que vamos dando y lo que en un momento dado los coches fueron para nosotros....
Pero sigo leyendo y veo al final tu accidente, obvio! estas ya bien, pero que fue lo que paso??....
Me fascinó y no es mentira como escribes, es mi primera visita y juro que regresaré si me lo permites...
Saludos de la vecina Puebla...

MNKANTAVIVIR | 08-10-2006 19:51:34

Nice one dear
I ´ve always kind of felt like that boy.
My profession deals with horror and painm so I can relate to the last part pf your story.

I hope you keep writing

Irene Adler | 14-10-2006 07:40:27

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