CINE, LITERATURA, ARTE, SOCIEDAD Y CULTURA
¡ No fornicarás! me dice el taxista que me lleva a la Casona de Juárez, al Encuentro de Escritores. Me alecciona y me informa de su conversión cristiana.
-Era mujeriego, parrandero y jugador- me dice, y todo eso lo dejé al entrar a Cristo.
-Bueno, pero ¿ya nunca más?- le contesto.
-Solo con la mujer de uno, pero no es bueno el exceso- añade.
-Entonces si se puede,- le contesto cauteloso.
-Si se puede pero es mejor estar en paz cristiana.
Para mis adentros pienso que después de fornicar con mi mujer estoy en paz de cuerpo y espíritu, pero mejor no se lo digo. Digo, cada quien con sus creencias.
-Mire usted- dice ya en confianza para soltar su sermón de viernes por la tarde a este viajero que tuvo la ocurrencia de hablar bien de las mujeres del puerto de Acapulco. Afortunadamente llegamos al zócalo de la ciudad y le recuerdo que hasta aquí llego. No le queda más remedio que parar su unidad y dejar que me baje. 
Me cobra de más, supongo que por el sermón o como contribución a la paz cristiana, le pago y me despido en santa paz. Cruzo el zócalo y llego a la Casona de Juárez, recinto donde se llevarán a cabo las actividades literarias.
Hay un público mayormente femenino, cuando menos al llegar, sin darme cuenta me adentro en pensamientos absurdos; ¿Y si todas estas mujeres fueran esposas de cristianos? ¿Y si en el mundo no se fornicara más? ¿Y si...? El inicio de la ceremonia me regresa a la realidad.
Y entonces los poetas vienen a zanjar la cuestión; la lectura de textos no deja lugar a dudas, el amor, el deseo y los cuerpos que se buscan permean en las lineas de los poemas leídos. Es un canto a la búsqueda de cuerpos y sensaciones corporales. Como quien dice, una invitación a fornicar.
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