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24 LETRAS X SEGUNDO

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CINE, LITERATURA, ARTE, SOCIEDAD Y CULTURA

EL OFICIO DE ESCRIBIR... Henning Mankell

29 08/06
Etiquetado con: literatura

Como un nómada escandinavo de una tribu desconocida, yo he estado siempre de paso, escribiendo con aplicación donde quiera que me encuentre. Recuerdo haber vivido alguna vez, yo era muy joven, de forma clandestina en un departamento vacío en Estocolmo. El departamento no tenía lámparas y la única luz que pude encontrar se prendía al abrir el horno. Con eso fue suficiente: usé la puerta del horno como mesa, puse encima mi máquina de escribir y tuve toda la luz que necesitaba.
Todo es posible. Aún recuerdo cuando en 1992 escribía La leona blanca en Maputo, al este de África. Vivía en un cuartito rodeado de otros cuartitos y –yo mismo los conté- siete radios a todo volumen sintonizados en otras tantas estaciones distintas. Sucedía que alrededor de una vez por semana yo perdía los estribos y les pedía a mis vecinos que por lo menos sintonizaran una misma estación. Ellos eran muy comprensivos: todos apagaban sus radios por un cuarto de hora. Pasados los quince minutos los volvían a prender.
Yo estimaba a mis vecinos. Y escribí la novela. Este es un motivo por el cual pienso que puedo escribir en casi cualquier sitio. Jamás podré achacar el fracaso de mi trabajo al lugar donde lo realizo, esté y donde quiera que esté.
Y no obstante, esto último tal vez no sea del todo cierto. Hay una excepción a esta regla. Existe un lugar sagrado en cierta parte del mundo. Me paso una temporada en ese lugar sagrado y tengo que admitir que en ocasiones ansío estar ahí. Por lo demás, tengo siempre miedo de perder mi independencia. Así que no puedo enamorarme demasiado de esa casita.
Al norte de la isla de Gotland, esa isla extraña y mágica del Báltico a unos treinta y cinco minutos de vuelo de Estocolmo, hay otra isla aún más pequeña. Su nombre es Farö, que en sueco significa “isla de ovejas”, y está separada de Gotland por un fiordo que uno cruza en transbordador. Esta isla tiene un paisaje mágico. Lo mismo podría ser Irlanda que las Hébridas o los matorrales del noroeste sudafricano. Aislada por completo, en la playa rocosa oriental se levanta una pequeña cabaña de madera. Un aficionado a la cacería de invierno la construyó en la década de los treinta del siglo pasado. Hoy en día la puedo utilizar de vez en cuando para vivir y trabajar. La cabaña se encuentra a unos treinta metros del mar. Cuando el viento sopla con fuerza, el agua salada de las olas casi roza las ventanas.
En el interior de la cabaña reina una especie de vacío que resulta arduo, casi imposible de explicar. Cuando entro, tengo siempre la sensación de que alguien acaba de irse a pesar de que la cabaña haya podido estar vacía durante largos meses. No me refiero a fantasmas; es más bien la sensación de que esta cabaña tuviera vida propia. Sin embargo, lo que de veras resulta mágico de ella es que a la mayor parte de los personajes de ficción que he escrito parece gustarles tanto como a mí. En tan solo un par de días, llenan la casa con sus voces, comparten mi cama, mi comida, y me hacen compañía mientas camino por la playa.
Me tomó algunos años darme cuenta de que esta cabaña me conviene cuando tengo algo realmente difícil de escribir. La casa funciona como un secretario intachable. Así que estoy feliz de que la cabaña exista. Y que de vez en vez la pueda utilizar. De todos los lugares donde escribo, esta pequeña cabaña es el centro inamovible, eterno.
Y a propósito: el dueño de la cabaña es Ingmar Bergman, quien resulta ser mi suegro. Hasta donde sé, él nunca ha escrito nada ahí.
Artículo aparecido en el suplemento Confabulario. Traducción de Alberto Román.

Comentarios

Escribir en situaciones difíciles, pero nunca dejar de hacerlo. El ejemplo de este autor es utilísimo.

FRANCISCO ORTIZ | 31-08-2006 21:11:01

Francisco: Escribir o no escribir, ese es el dilema. Aún cuando no lleguen las ideas, escribir. Si no se tiene un lugar para hacerlo, entonces el café, la playa o la azotea, pero escribir. Con lápiz y en un cuaderno, en la laptop o en una servilleta... escribir.

José Romero | 01-09-2006 01:38:11

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