CINE, LITERATURA, ARTE, SOCIEDAD Y CULTURA
Descubrí la novela policíaca en la biblioteca de mi casa, bueno, es una exageración decirlo así, era un librero en donde podías encontrar clásicos de la literatura, libros ilustrados sobre la segunda guerra mundial y las versiones de novelas del Readers Digest.
Este librero, por cierto, lo heredé por azares del destino, de entre todos los hermanos, y ahora se encuentra en la sala de mi casa, en donde lleva muy bien sus más de 35 años de construido. Las novelas de Sherlock Holmes fueron la puerta de entrada a este género literario, me seguí con Agatha Christie y S. S. Van Dine. Holmes, Poirot y Philo Vance eran todos detectives en el estilo clásico de deducción; elegantes, inteligentes, obsesivos y con aficiones casi decadentes. Pero todos unos caballeros.
Desde entonces adquirí esa insaciable necesidad de buscar libros, fue así que me encontré en una librería de viejo, algo raro en el puerto de Tampico en aquellos años sesentas, un libro cuyo título llamó de inmediato mi atención: “Mía es la venganza” de Mickey Spillane. Ejemplar de portada llamativa de la colección Caimán, de Editorial Diana, en una edición de julio de 1957. Por el increíble precio de 15 pesos de aquellos, tomé el ejemplar, sin darme cuenta que iba a descubrir una nueva estirpe de detectives que no tenían nada que ver con los anteriores que habían alimentado mi pasión por la lectura.
El párrafo de inicio no podía ser más acertado “El tipo estaba más muerto que una momia. Yacía en el piso, en pijamas, con los sesos desparramados sobre la alfombra, y en la mano mi pistola”. La narración en primera persona del detective Mike Hammer fue una revelación; mal hablado, violento, bebedor y con una pistola lista a disparar, cambiaron mis gustos policíacos.
Era un ejemplo de lo que se llamó la novela negra o hard boiled, años después descubrí a los maestros del género, Raymond Chandler y Dashiell Hammet que a su vez me llevaron a toda una pléyade de escritores policíacos, de diferentes partes del mundo y de los cuales guardo alrededor de 200 selectos títulos.
La carrera de Mickey Spillane fue muy variada pues escribió guiones de cine, de comics y de televisión. Se hicieron dos series televisivas con su detective y varias versiones en cine, de entre estas destaca la obra maestra del género fílmico: Kiss me deadly, dirigida por Robert Aldrich e interpretada por un formidable Ralph Meeker.
Mickey Spillane no es mi escritor favorito del género, pues Raymond Chandler, Dashiell Hammet, Jim Thompson, James M. Cain, Patricia Highsmith y Ross Mcdonald ocupan mis preferencias. Pero aquella novela, que aún conservo, abrió un nuevo camino en mis preferencias sobre la novela policíaca.
Mickey Spillane acaba de fallecer a la edad de 88 años en su casa de Carolina del sur, en los Estados Unidos. La muerte de Spillane, quizá sea la del último representante de esa escuela de escritores duros que dio la literatura americana, y que no se ha vuelto a repetir. Sin Hammer, Marlowe, Spade o Archer ya no es lo mismo, hoy el género está lleno de asesinos seriales y doctores forenses, a los asesinos se les leen sus derechos y el ADN resuelve muchos casos.
Los métodos de Mike Hammer serían hoy asunto de alguna oficina de Derechos Humanos seguramente, pero la literatura policíaca se ha extendido por el mundo y hay buenos ejemplos en Italia, Suecia, España, Inglaterra y Francia. En México por más esfuerzos de Ramírez Heredia y Taibo II, no sale aún la nueva novela policíaca que revitalice al género en nuestro país.
Aunque un Mike Hammer en nuestra ciudad, seguramente resolvería más casos que la ineptitud de nuestra policía.
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