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24 LETRAS X SEGUNDO

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CINE, LITERATURA, ARTE, SOCIEDAD Y CULTURA

LA SOLEDAD NO ES COMPAÑÍA

25 05/06
Etiquetado con: miscelanea

Se acaba de descubrir el cadáver de una mujer en Londres, Inglaterra, fallecida dos años antes. Murió frente a su televisor que funcionó todo este tiempo y, fue descubierta solo después de que su cuenta bancaria se agotó y no se pagó de manera automática la renta. Cuando el casero fue a cobrar, hizo el descubrimiento. Esta desgraciada mujer es un ejemplo de la brutal soledad del individuo moderno.


Ahora que tenemos identificador de llamadas y grabadora de mensajes, encuentro mientras me ausento de casa, llamadas telefónicas provenientes de personas desconocidas y mensajes diversos desde invitaciones a comidas, recriminaciones por ausentarme en la oficina, cursos en Acapulco, informes sobre la venta de una casa, enfermos deseosos del reporte médico y algunos otros que me dejan pensativo como aquel día que me encontraba en un restaurante de esos de cadena por toda la ciudad.
Mientras la taza de café humea sobre la mesa del restaurante, el ruido de platos y cubiertos se mezcla con el bullicio de la gente, hoy más ruidoso que de costumbre. Tomo el teléfono celular y marco mi número de casa para enterarme de los mensajes en la grabadora. Se escucha la grabación y añado la clave; una voz masculina que parece cansada y triste deja un mensaje; “Estamos solos, tenías razón, ahora estamos solos”, después se escucha como cuelgan y se acaba el mensaje. No reconozco la voz, número equivocado sin duda me digo. Intento leer una revista pero detengo la lectura. ¿A quién irá dirigido el mensaje? Pido la cuenta y voy a casa.
Abro inquieto la puerta, dejo mis cosas sobre la mesa y me acerco al teléfono, regreso la cinta y escucho el mensaje otra vez. Es la voz de un hombre, al parecer mayor y la pantalla del identificador muestra la llamada proveniente de un teléfono público. Sus palabras flotan en la estancia en que me encuentro, dice que está solo. La cinta se regresa y la casa queda casi en silencio, únicamente se escucha el ruido sordo del refrigerador en la cocina.
Ahora que existen tantos y modernos métodos de comunicación, pareciera que nos encontramos más solos que nunca. Las salas de chateo se encuentran llenas de personas en busca de amistades, aunque la mayoría se esconde tras seudónimos y actitudes muy diferentes a como son en realidad. Se hacen amistades instantáneas que se rompen con la misma facilidad con que nacieron. Encuentro una guía de restaurantes que indica el tipo de comida, precios, vinos y características tales como; recomendado para mujeres solas, ambiente de adultos solitarios etc.
En los bares se encuentran hombres solos mirando el televisor, conversando con meseros o cantineros y mujeres solitarias que observan las imágenes del béisbol o de algún deporte extremo como si estuvieran realmente interesadas en semejantes acrobacias. En las barras de algunos restaurantes de cadena es habitual encontrar a hombres y mujeres en busca de conversación con las meseras, uno los observa hacer esfuerzos por no parecer ansiosos de compañía pero los delata su mirada triste, la llamada por celular que nadie contesta y el asiento contiguo vacío.
En los grandes edificios de condominio, es común que los vecinos apenas se saluden ocasionalmente en escaleras o elevadores sin llevar una relación más cercana. Y si se vive en casa, hay vecinos con los que solo se habla para pedirle que mueva su coche de nuestra entrada. A veces el jardinero o el vigilante de la colonia resultan mejor compañía que los vecinos mismos. Antes se hacían fiestas, se bailaba y se convivía, ahora se hacen reuniones con cuatro o cinco personas y tres de ellas llegan solas.
Hay empresas dedicadas a contactar parejas, a encontrar alguien con quien vivir o entablar relación. Le hacen a uno un perfil, lo graban en video y luego se exhibe a aquellos ansiosos de compañía para escapar a la soledad. También existen las parejas bajo un mismo techo, sentadas a la mesa sin más conversación que pasarse los platos de comida, esos están igual de solos pero acompañados. Su vida transcurre como en aquella magistral secuencia fílmica de El Ciudadano Kane que va del amor de recién casados a la indiferencia de los años posteriores.
Hay también los hombres y mujeres que han escogido vivir solos, ya sea hartos de tener pareja o simplemente no se les dio la oportunidad, o quizá la perdieron y ahora se las arreglan para vivir en compañía de ellos mismos. Existen también los que tienen pareja pero viven cada quien por su lado, estos se ven cuando quieren y se alejan igual cuando no se aguantan. O aquellos solitarios que acechan a los amigos para tener compañía de cuando en vez y luego buscan a otra amistad para continuar y así se la llevan.
Y aquellos que solitarios escriben un libro, editan una película, pintan un cuadro o componen una pieza musical y que se bastan solos mientras les dura el proceso creativo. Después buscan desesperadamente la compañía de un público que apruebe el esfuerzo.
O los ancianos olvidados por los parientes, que solitarios ven pasar la vida con la única compañía de los recuerdos. Y los derrotados en las grandes ciudades deambulando por callejuelas mientras hablan con ellos mismos. Y los moribundos en un cuarto de hospital con la sola compañía de aparatos y tubos conectados al cuerpo, los alcohólicos y drogadictos con la soledad de su dependencia. Y los que padecen la soledad del poder y la de aquellos que lo han perdido. El arrollado en plena calle, solo en el asfalto mientras lo observan los curiosos. O la soledad de aquel astronauta ruso olvidado en la estación espacial.
Ahora más que nunca contamos con herramientas para comunicarnos; satélites, celulares, localizadores, agendas electrónicas, Internet, correo electrónico, etc. y sin embargo pareciera estamos más solos que antaño, hoy estamos aislados de los demás, como náufragos en grandes ciudades a la espera de un barco que pase al rescate.
¿Será que estamos solos? Recuerdo ahora el libro de Rainer Maria Rilke Cartas a un joven poeta, en donde el autor le escribe al incipiente hombre de letras y le dice que “Solo hay una soledad, es grande y pesada de llevar...la soledad interior”.
Pensar en esa pobre mujer inglesa, cuya cuenta era saqueada, mientras las imágenes de la televisión pasaban ante su cadáver, me sacude. En dos años nadie preguntó por ella, nadie necesitó de su cariño, atención o amor. Estaba sola con la única compañía de su televisor.
Mientras escribo estas líneas suena el teléfono a unos metros de mi mesa de trabajo, me levanto y observo la pantalla del identificador, no reconozco el número, por fin me atrevo a descolgar el aparato, nadie contesta a mi voz y apenas alcanzo a escuchar como cuelgan. Bajo la luz que da sobre el teléfono, inmóvil y pensativo con el auricular en la mano, me quedo perplejo y solo.

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