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24 LETRAS X SEGUNDO

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CINE, LITERATURA, ARTE, SOCIEDAD Y CULTURA

DULCES SUEÑOS

13 05/06
Etiquetado con: travesias



Dicen que en las cuestiones del sueño hay dos tipos de personas; los que padecen insomnio y los que sueñan despiertos. Yo creo ser de los dos. Me explico.
De un tiempo a esta fecha me ha agarrado un insomnio galopante y en ocasiones me deja tan agotado al fin de semana, que solo quiero descansar en casa. Dormirme no es gran cosa, pero mantener el estado de vigilia por siete horas es otra cosa. Entre las tres y cuatro de la mañana por lo regular abro el ojo a la oscuridad de la madrugada y luego para conciliar el sueño se necesita una auténtica proeza que en ocasiones me da el amanecer en el intento.
He probado todo tipo de remedios y métodos para atacar mi problema y la verdad consigo pocos resultados. Leche caliente con miel dicen las abuelas, no resulta digo yo, aunque no se si sea la leche, las galletas o el pan de dulce con que acompaño mi tratamiento. Eso si, he subido de peso. Alguien me recomendó tomara té de camomila, no falla me dijeron. No resulta digo yo, me duermo luego de ingerirlo, pero a las dos horas me despiertan las ganas de orinar la maldita infusión y luego para agarrar el sueño otra vez está canijo. Tómate una copita de tequila, me recomendó un compañero de trabajo, no resulta digo yo, como no me gusta el tequila lo cambié por una copita de ron, y otra y otra más y comencé a dormir muy bien hasta donde la resaca en plena madrugada me alcanzaba con un dolor de cabeza yucateco que ni con mis aspirinas gringas se me quita.
Total, lo de los remedios de plano lo dejé. Después pasé a contar ovejas, conejitas de Playboy y gatos que maúllan por mi azotea, pero igual no ha funcionado. Vamos a prender la tele me dije, para que me dé sueño, no falla. Ahora soy un adicto a documentales de animales, al sportcenter, a la tómbola española y me empiezan a gustar los infomerciales de la madrugada, aunque estos últimos la verdad sea dicha ha de ser por las muchachas que ponen como ejemplo para adelgazar, depilar o fajar. De usar faja, no de lo otro.
No me ha quedado otra opción que aprender a convivir con mi insomnio, como si fuera un viejo amigo, una antigua amante o un pariente que llega de improviso. Aunque todo esto con las inconveniencias del caso y ninguna de las ventajas.
Tengo ahora una mirada que algunos confunden con hastío, aburrimiento o desdén. Tan solo es falta de sueño y en otras ocasiones es que sueño despierto. También me explico.
A algunas personas nos cuesta trabajo permanecer en este estado de conciencia que la vida diaria nos impone. Yo desde chico sueño despierto; me acuerdo de mi infancia y me ubico sentado sobre la caseta del aire acondicionado, en las noches veraniegas de Cd. Madero con los sonidos industriales y los olores de la refinería no muy lejos. Desde ahí me trasladaba a las más increíbles aventuras producto de mis tempranas lecturas o por culpa de las películas americanas de la matiné. Quien no ha salido de las películas de Charles Bronson o Clint Eastwood queriendo madrear a cuanto imbécil se atraviesa por nuestro camino. O caminar como John Wayne con su pañuelo al cuello y su pistola cercana al cinturón, y al salir del cine la bolita de vecinos en la esquina son como tribus de indios acechando muchachas que tomaban el helado sin darse cuenta del peligro que corrían. Hoy en día hay que ver como salen los jóvenes de las películas de acción para entender de lo que hablo o sueño. Corren por el pasillo de salida como si fueran en el auto de Nicholas Cage, caminan con unos aires como de cámara lenta en una película de John Woo o hablan mentando madres como lo hacen en Y tu mamá también.
Hoy ya no voy tanto al cine, pero igual sueño despierto. Me vienen tantas historias o imágenes, que apenas puedo escribirlas o editarlas mentalmente para almacenarlas en la escasa memoria RAM de mi cabeza. Por eso a veces no presto atención a lo que me dicen. Para contrarrestar este estado de inconsciencia, he perfeccionado asentir con la cabeza como si estuviera muy interesado en lo que dicen o soltar apenas un sonido gutural para contestar. Eso sin cuestionar el interés de las reuniones, juntas o conversaciones en el trabajo, las charlas de café con las amigas o las parrandas con los cuates. ¿Que puedo hacer? En medio de estas circunstancias me asaltan historias que necesito escribir o imágenes para filmar sin perder mayor retraso. Hay ocasiones donde la memoria me regresa anécdotas, instantes visuales o sonidos escuchados que es imposible prestar atención a quien me habla.
¿Habrá remedios para esto? como para el insomnio, el malestar estomacal o el dolor de cabeza. ¿Alguna pastilla o infusión? ¿Algún método o tratamiento? Antes creía estar solo en este limbo en que a veces me adentro, pero descubro aliviado que el escritor portugués Antonio Lobo Antunes padece lo mismo, él ha perfeccionado la respuesta ¡pues claro! para salir de los inconvenientes de escuchar a los demás, Steven Spielberg lleva tantas películas en su cabeza que apenas puede filmar algunas, dicen igual les pasa a los matemáticos mientras escriben complicadas ecuaciones en servilletas, recibos o cristales y he visto a más de un poeta hablar al viento y a algunos músicos teclear sobre la mesa de la cafetería, como si fuera piano de cola.
No sé si hay cura para estos padecimientos, pero si alguna vez me observan con mirada de desdén es que me falta sueño y si creen no presto atención, es que me encuentro soñando. Por favor no se vayan a ofender.
Es que yo padezco insomnio, pero sueño mucho

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