CINE, LITERATURA, ARTE, SOCIEDAD Y CULTURA

El director de cine Jacques Tourneaur realizó en 1943 la cinta “Caminé con un zombie”, la acción ocurría en una isla del caribe llena de ritos vudú y atmósfera opresiva. Años más tarde, George A. Romero realizó una zaga de muertos vivientes en la América actual y en escenarios tan inquietantes como un centro comercial. Siempre pensé que los zombies eran propiedad exclusiva de las pantallas cinematográficas, aunque en ocasiones nos topemos con ejemplos modernos, como recientemente nos ocurrió en un centro de baile, en donde un joven realizador de películas de dudosa vanguardia, bailaba como zombie con una chica cubana. Pero este tipo de criaturas de la noche son inofensivas comparadas con los de otros lares.
Leí en un cable que llegó de Africa la aparición de muertos vivientes en la ciudad de Bofang, Camerún. Dónde más podían aparecer si no es en ese continente azotado por dictadores, virus del ébola y ahora de zombies. Estos muertos vivientes provocan el pánico especialmente entre las mujeres, según informes locales, pues se hacen pasar por simples mortales que desaparecen misteriosamente al amanecer. Los zombies de Camerún, hombres en su mayoría, actúan en bares y discotecas en donde abordan a sus víctimas antes de, fíjese usted, llevarlas a un hotel a pasar la noche. Las víctimas al despertar descubren a su lado un montón de huesos humanos o de ropa.
Las autoridades locales a pesar de sus esfuerzos, aún no desentrañan el misterio, por lo visto en nuestro país y especialmente en el Distrito Federal o en África, las autoridades no resuelven lo que Tourneaur y Romero solucionaban en la pantalla cinematográfica en hora y media. De estos zombies se tienen noticia en todas partes, especialmente en nuestro país. Vayan unos ejemplos y usted dirá: Un procurador de megalópolis que convoca a conferencias de prensa y repite siempre que las víctimas son las principales sospechosas. Y ni que hablar de los zombies que acuden a los recintos parlamentarios a dormir y al despertar crean terror con propuestas descabelladas dignas de una película de horror del Santo. Por el territorio de la república mexicana, caminan unos extraños seres con aspiraciones presidenciales, que repiten como zombies que van a devorar nuestro país.
Algunas momias del otrora partido oficial y de la oposición, no se han dado cuenta que son unos muertos vivientes en la política y aún azotan algunas regiones del país.
En otros ámbitos más frívolos también se aparecen estas criaturas, bastaría echar un vistazo por las canchas de fútbol mexicanas donde se pasean zombies extranjeros y algunos nacionales, que cobran muchos dólares y anotan pocos goles. En la comisión de árbitros de fútbol están llenos de zombies que sacan tarjetas amarillas a diestra y siniestra.
O los nuevos zombies gritones que azotan la conducción de la gran mayoría de los programas televisivos y que repiten una y otra vez babosadas a gritos arrebatándose la palabra. Y ni que decir de los zombies informativos que azotan a los radio escuchas primero en un espacio del cuadrante y al otro año en uno diferente sin cambiar de propuesta informativa. Deambulan por la amplitud radiofónica e infectan por igual a radioescuchas que a directivos incautos.
Además de estos muertos vivientes, nos azotan de manera cíclica la política económica, la delincuencia, el proyecto cultural, la reforma fiscal, la impunidad, la pobreza, el narcotráfico, el nuevo puritanismo y la corrupción. Con tal cantidad de temas de horror, el director de cine George A. Romero podría realizar en nuestro país otra saga de zombies modernos propios de la globalización.
Pero los muertos vivientes apenas aparecen en las pantallas cinematográficas, en cambio en nuestro país son cosa de todos los días. Y en Camerún también.
Diseñado por Daniel Mota
basada en las plantillas de Studio.st
Gestionado con Bitacorae.
Alojado en Bitacoras.com