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NOTAS DE LISBOA

14 12/05
Etiquetado con: foto, relatos

Amanece en Lisboa y bajo al buffet del hotel, a diferencia de lo que se acostumbra, este desayuno está mejor servido que lo habitual en Europa; fruta, huevos, jamón, cereal, pan, jugo, café o té. Busco una mesa cerca del ventanal que deja ver un pequeño jardín. Turistas españoles y franceses ocupan mesas y al parecer nadie habla, un silencio recorre el lugar. No hay meseros, algún empleado aparece de cuando en cuando, nadie se mete con los demás. Bien.
Salgo rumbo al Museo Calouste Gulbenkian en donde encuentro a Renoir, Rembrandt, Monet, Degas y algunos pintores flamencos. También arte antiguo de Oriente y Mesopotamia. Presencio la discusión de una pareja francesa con el vendedor de boletos, quien no les hace efectivo el descuento que ellos esperan. En general, me parece que los portugueses son secos y poco amables, como en muchas partes de Europa supongo, las mujeres son muy guapas pero no te miran ni por equivocación.
Llego a la casa-museo del poeta Fernando Pessoa, me llevo una decepción; papeles, un mueble y una pintura son de lo poco que rescato. Unos souvenir y me retiro. Parece un poema incompleto.
Voy a los rumbos de la plaza de Comercio donde buscaré comer más tarde. Tomo un taxi y el conductor me pregunta si soy español, le digo que vengo de México, contesta que conoce Acapulco, le gustó me dice y, que el gobierno en el país es malo, muchos pobres y quien sabe cuantas cosas más. A todo contesto que sí. ¡Esto lo sabe hasta un taxista en Lisboa!
Recorro las calles del rumbo, subo, bajo, doy vuelta una y otra vez, camino entre avenidas, calles sinuosas, llenas de gente, tranvías y taxis veloces. Tomo un funicular por una estrecha calle que me lleva hasta el mirador y disfruto de una vista maravillosa. Me siento bajo un árbol.
Regreso a los rumbos de la plaza de Comercio y me acomodo en una mesa exterior del café Ninho. Pido unas tortas de bacalao, arroz y ensalada, acompañadas de una copa de vino. La gente pasa frente aquellos que nos encontramos comiendo, uno puede comer y distraerse con los turistas. Gran arquitectura, vinos, comida, fado, mujeres hermosas y buen ambiente me deja esta visita a Lisboa. Termino el día cerca del hotel, en una cafetería en donde escribo estas líneas.


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