CINE, LITERATURA, ARTE, SOCIEDAD Y CULTURA
Una taza de café humeante y una pieza de pan dulce me reciben en el desayuno. Desperté temprano y caminé por la playa con las primeras luces del amanecer. Nada como ver salir el sol en el horizonte para iniciar el día.
Ahora disfruto de un desayuno con frutas, jugos y toda clase de antojitos típicos de esta región veracruzana. Gordas con frijoles, quesadillas, salsas, huevos tumbados etc. y las viandas usuales del buffet mexicano.
Recuerdo ahora los desayunos parisinos de mi reciente viaje por tierras francesas y para nada se compara a estos desayunos de nuestro País.
Mientras me deleito con mis alimentos, recibo un mensaje telefónico de mi esposa; llevan detenidas en la carretera cerca de Puebla, una hora, es el mentado tramo en reparación. Les pido tengan paciencia, la playa aún está aquí, les contesto.
Voy por un par de toallas, bajo a la playa y me instalo bajo una "palapa" con camastros. El sol cae de lleno y me pongo en traje de carácter para disfrutar la vista. Estreno traje de baño, regalo reciente de cumpleaños, me unto de crema protectora las partes más sensibles de exponerse al sol y me recuesto en el camastro. El cielo retumba... alzo la vista y descubro unas inmensas nubes negras que avanzan amenazadortas hacia la costa, hacia el hotel en que me encuentro, vamos, ¡hacia mi camastro en donde apenas disfruto de unos minutos de la playa! Las nubes cubren el astro rey y una brisa levanta finas rachas de arena, las primeras gotas caen y luego una llovizna barre la playa y mis ilusiones solariegas. Lo que es hoy, este color pálido de urbe no se me quita.
Guardo mis cosas en la mochila, disfruto de la lluvia unos momentos y luego corro gozoso hacia el mar y me sumerjo en las aguas frescas y saladas del Golfo de México.
Más tarde recibo otro mensaje telefónico; mi mujer me informa llevan dos horas detenidas en la carretera y avanzan metro a metro por el méndigo tramo en reparación. En nuestro Páis siempre esperan la época de mayor afluencia de vehículos para hacer labores de reparación en las carretras importantes. Supongo para que nos demos cuenta de que trabajan. Mi esposa, A. viaja en compañía de su hija AL, su sobrina L. y sus hermanas F y L., me imagino el ambiente en la unidad en que viajan y la cantidad de palabrotas que se han aventado a los cuatro vientos en esas dos horas. Recibo el mensaje preocupado e impotente de poder ayudarlas, les pido más paciencia.
Ahora subo a la zona de alberca, un mesero se acerca y me pregunta si quiero tomar algo, bueno le digo, un ron con coca mientras espero que llegue la familia. Después de dos rones, una zambullida y tres concursos de baile en al alberca, recibo otro mensaje; apenas salen de Córdoba, se les ponchó una llanta, la repararon y ya enfilan hacia el puerto de Veracruz, ¡caramba! que suerte, para no preocuparme más solicito otro ron al mesero que ya ronda mi camastro y me atiende solícito.
El timbre del celular me despierta tiempo después, ya llegaron a Veracruz, mi mujer ha dejado en otro hotel a sus acompañantes y pasa por mi para ir a la agencia automotriz a revisar una señal en el tablero que no se apaga desde el incidente de la llanta. Llamo al mesero y me trae la cuenta de la "angustiante" espera de la llegada de la familia.
En la agencia nos arreglan el desperfecto sin mayor importancia y nos dirijimos de regreso a nuestro hotel para que A. se instale finalmente.
Se encuentra en un estado de agitación tal, que parece el volcán Popocatepetl; ruge y echa fumarolas a cada rato, saco la bandera amarilla de protección civil y me instalo en estado de alerta media ante una contingencia.
Hacemos cita con el otro grupo y nos vemos en un restaurante para comer, tiene una vista hacia el mar, poco a poco tomamos las cosas con mejor humor, el tequila, las cervezas y la comida hacen su efecto y pasamos un rato agradable comiendo, tostaditas de jaiba, filetes de robálo, cocteles de camarón y para rematar un espresso cortado.
Nos despedimos, tomamos rumbo al hotel mi esposa y quien esto escribe, sentados frente al mar, dejamos que la noche nos alcance, mientras en silencio recapitulamos el día.
Ya en la habitación solicitamos un par de tequilas dobles y dejamos que hagan su efecto. Sin darnos cuenta dormimos profundamente.
Mañana sera otro día... más.
Me encantò! Què te puedo decir... me gusta como escribes y me encanta como narras las situaciones màs simples con lujo de fantasìa y emociòn. Yo estuve ahì -soy esa L.- pero me encantò la forma en que me llevaste a ese lugar de las Gordas, los tequilas, las ponchaduras, las fumarolas (que continùan...) y las palabrotas... como si fuera otro personaje. Gracias, hiciste mi noche màs amena.
Besos,
L.
Lorena | 12-08-2005 05:31:07
Felicidades por la página y por esa descripción tan colorida de tu desayuno y las peripecias del grupo de viajeras.
Estando tan lejos, leerlo me acerca un poco a todo eso tan querido!!
Alejandra
Alejandra | 28-08-2005 12:52:31
tio,
mil felicidades por tu pagina.
desgraciadamente fue casi una tortura leer tu resena del desayuno,literalmente estoy babeando...
ahora solo puedo pensar en enfrijoladas,bocoles y taquitos blanditos con repollo.lo peor es que estoy rodeada de salchichas.
otra vez,muchas felicidades,me transporte a mexico querido.
feri
fernanda mendez | 19-09-2005 17:39:40
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