CINE, LITERATURA, ARTE, SOCIEDAD Y CULTURA
Una mañana de hace algunos años decidí no volver a rasurarme excepto para delinear mi barba incipiente. Durante quince años acostumbré cubrir mi rostro con una barba negra que al paso del tiempo se volvió entrecana.
Todos estos años ha sido una compañera familiar y es la primera imagen que de mi tienen quienes me conocen. Los comentarios fueron diversos; te queda bien, pareces intelectual, es un poco rala etc. Con los años se me hizo natural convivir con ella y pasó a formar parte de mi existencia. Si a esa imagen le añaden unos espejuelos que se sostienen en una nariz recta que parece indicar el camino por el que todo hombre debe transitar y un rostro alargado que parece acompañar a mi delgada figura, se podrán dar una idea del tipo de cara que llevo de un lado para otro. Si no fuera suficiente añadiría unos ojos cafés que acostumbrar brillar en la oscuridad de las salas cinematográficas y expresar melancolía en las tardes lluviosas frente a una taza de café. En conjunto todo esto, dicen, da un aire taciturno y circunspecto a mi figura y en especial a mi rostro.
Hoy sin embargo no me reconozco. Desde hace varios días despierto y descubro en el espejo que mi faz es otra y mi expresión ha cambiado. ¿Quién soy? Me reviso, escrutinio y vigilo mis rasgos en busca de líneas familiares que me digan si soy o fui. Armado de una moderna y aerodinámica hoja de rasurar quité con manos torpes, sin práctica, la barba que por quince años me acompañó en mí deambular.
Los comentarios han sido variopintos también; ¿Qué te hiciste?, te ves más joven, te dejaste el bigote, ¿Qué va a ordenar joven? etcétera.
Parezco otro; hoy me levanto y me rasuro con la confianza que mi nuevo semblante me otorga, una sonrisa se añade al conjunto, una cara más redonda y una expresión más alegre manifiesta esta nueva faz que ahora descubro y con la cual apenas intento conciliar con la antes compañera de tantos años.
La gente sin embargo parece conocerme mejor, pues ya sea con barba o sin ella, me tratan con la misma familiaridad y me prodigan el mismo trato de todos estos años.
No acierto a saber que pasó, pero algo cambió y apenas inicio el camino de conocer esta nueva fisonomía que adquiere cada día la confianza de quien se sabe aceptado a fin de cuentas. Y con la seguridad que dan tantos años de traer esta cara de aquí para allá me doy el visto bueno y termino de rasurar este rostro que hoy me pongo y salgo con él.
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