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24 LETRAS X SEGUNDO

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CINE, LITERATURA, ARTE, SOCIEDAD Y CULTURA

MERCADOS SOBRE RUEDAS

25 07/05
Etiquetado con: travesias

LA VIDA EN BREVE

Los mercados sobre ruedas nacen y mueren el mismo día. No existen por la noche. Duermen como todos nosotros. La avenida o parque en que se asientan, permanecen vacíos en las horas nocturnas a la espera de la agitación de la jornada siguiente. Tienen una existencia efímera, sin embargo viven desde hace años y no tienen para cuando desaparecer.
Quienes salen temprano a la travesía diaria en la ciudad o aquellos que se ejercitan en el deporte mañanero, podrán observar, justo al amanecer, la llegada de camiones, camionetas y todo tipo de transporte, que toman por asalto las calles vacías.
Todos tienen su lugar en la geografía locataria sobre ruedas, cada camión se acomoda convenientemente en la calle para vaciar su carga. En el “copete” del camión, se escriben frases como Gracias a Dios, Ten fe y sigue adelante, La gran ilusión, Dios es mi copiloto, que recuerdan por igual lo religioso y lo cinematográfico. Y a partir de ese momento, el tráfico se atasca en un solo carril, para dolor de cabeza de vecinos y quienes van de paso.
Cajas, varillas y toldos se descargan del interior de esa bodega con ruedas que circula por la ciudad. Hombres, mujeres, jóvenes y viejos, trajinan en la descarga y acomodo de mercancía y productos.
Arquitectos y diseñadores en la vida diaria, pronto convierten todo aquello en una modesta prueba de sus habilidades adquiridas en la calle. Sin contar con permiso de construcción, licencia o diploma del colegio de arquitectos, construyen su local al aire libre y acomodan la mercancía como en fotografía publicitaria de producto diseñada por agencia de publicidad, para que el cliente no escape al encanto de colores y aromas en el más puro estilo mexicano.
- ¿A cómo la docena? Por un extremo del mercado se encuentran flores, macetas y productos de jardinería; claveles para adornar la casa, rosas para la novia o el alcatraz en la oficina. Entre los pasillos, circula la madre que empuja una carriola con bebé, procura sortear el intenso ir y venir de la gente, que por momentos atropella a quien se detiene. En el mercado sobre ruedas, como en la vida hay que circular y detenerse solo para lo necesario. Los curiosos que aguanten entonces la embestida de los compradores.
- ¿Qué va a llevar marchante? Pasos adelante, un arco iris de colores recibe a los que buscan los frutos al natural; el amarillo encendido de la naranja, el rojo de la sandía partida con sus pecas, la papaya de forma y apariencia sensual, la piña coronada con su penca, manzanas, duraznos, ciruelas, mamey, chirimoyas y plátanos que invitan al disfrute de los sentidos. En el puesto de enfrente, unas viejitas se detienen en busca de peinetas, listones o postizos para adornar su cabecita rosa en una y azul en otra, pues ahora las abuelitas se pintan el pelo de colores.
- ¿Qué le doy guerita? Más adelante, se descubre entre el río de gente que ya colma los pasillos, al pasaje aromático de las especias y semillas que han acompañado a los grandes degustadores desde siglos atrás; canela, comino, pimienta, piñón, ajonjolí, que añaden sabor a los guisos y a la vida misma. Dos señoras con atuendo deportivo y unos kilos de más encima, cuchichean de puesto en puesto:
- “Esa amiga que saludé tiene un problema de ir al baño”- dice una.
- ¿Cómo?- le pregunta la otra.
- “Toma y toma agua, la trae ahí adentro y no la puede orinar”.
- “Qué barbaridad”.
-¿A cómo el kilo, oiga? Más allá, los colores de la bandera en lechugas, cebollas y tomates, la mera papa, la sabrosa coliflor, la erótica berenjena y la zanahoria para aquellos con imaginación. Picadas, revueltas y listas para la sopa, la ensalada y los guisos, los paseantes pueden encontrar canastas llenas del revoltijo de verduras para ahorrar tiempo en la cocina. Y el aguacate entero a punto de maduro o ya en guacamole, listo para servir sobre tacos o pedazos de chicharrón.
- Cuide su bolsa, señora, advierte el verdulero, ante la llegada de los carteristas. Por ahí camina la señora madura bien arreglada y guapa, quien segura de conseguir buenos precios y productos, se inclina para escoger la verdura y al mismo tiempo enseñar sus recientes implantes ahora de copa C.
- ¿Está bueno el pollo? – dice la sirvienta en su uniforme rosa. Revisa los pollos colgados en el gancho que enseñan todo el guacal, sobre la mesa los higaditos y las patas amarillas para darle sabor al caldo, la pechuga para empanizar y las alitas con la salsa BBQ. Hoy está rebueno - le contesta el pollero. Y la sirvienta nomás baja la mirada y sonríe.
Para aquellos que se adentran hasta el final de los pasillos, los aguarda una sorpresa; el centro gastronómico, los comederos en donde el corazón de la vitamina T y el aceite recalentado son el pan nuestro de cada día.
- ¿Qué va a comer amigo? Sobre mesas improvisadas o parados, los hombres de saco y corbata, las chicas estudiantes, los aprendices de oficios diversos y las secretarias, pueden comer, entre perros y moscas, los tacos de guisado, las tortas y los tamales fritos, la barbacoa acompañada de su consomé humeante, el pescado frito, el cóctel de camarón, las flautas, las quesadillas, la pecsi, la mirinda, el jarrito de tamarindo, las aguas frescas y la coca light, para quienes la salud es lo primero. - Uno más de chicharrón prensado y la cuenta por favor.
Para bajar la comida, los practicantes del maratón de mediodía, llegan hasta el puesto de música y video. Ahí preguntan:
- ¿Tiene el último de la Guzmán? ¿Y el de Luismi? Y los cinéfilos de la piratería pueden encontrar una película de horror japonesa, la comedia gringa más reciente o el nuevo churro de Robert de Niro. Aún los que buscan cine europeo o del Medio Oriente encuentran sorpresas agradables o desagradables, según sea el caso. - Oiga, ¿me la cambia? Salió mal la copia.
Ya para en la tarde, el panorama empieza a cambiar, los clientes escasean, los primeros locatarios inician la retirada, desmantelan su changarro y guardan la mercancía. Al rato todos los siguen y la actividad febril se apodera de nuevo para levantar el mercado. Adiós a los arquitectos y a los diseñadores.
La avenida o el parque se despejan, todo se acomoda en los camiones, la basura se recoge a medias, las calles quedan sucias y con olores agrios. Los camiones como llegaron se retiran, el tráfico vuelve a la normalidad, los vecinos respiran aliviados pues se acerca el atardecer, para entonces el mercado sobre ruedas ya no existe, muere al final del día. Y como ave mitológica, mañana renacerá una vez más en otra avenida.

Comentarios

Mellevaste de la mano por aquellos sabados inolvidables en que, acompanada de mis hijas, cargando un carrito de mandado y una canasta, llegaba al mercado que se ponia por lomas de sotelo, cerquita del Toreo. Se suponia que el viaje era una obligacion casera, pero en realidad se convertia en un maravilloso paseo que no necesito describir, porque tu lo hiciste a la perfeccion. Aun recuerdo a la marchanta del pollo, y al senor del queso y la crema, y por supuesto no hemos olvidado a la senora de las flores, a quien yo regalaba nuestra ropa que ya no nos quedaba, y ella a cambio me daba un siempre precioso y perfumado ramo de flores. Y sabes que? probablemente ya no existen, pero un puesto siempre visitado era el de la senora que fabricaba vestiditos para las barbies, siempre le comprabamos algo y asi mis hijas disfrutaban mas la ida. gracias por la experiencia, seguiremos leyendote. d.l.

dora luz romero | 31-07-2005 17:25:55

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