CINE, LITERATURA, ARTE, SOCIEDAD Y CULTURA
Sydney Pollack se inició como actor en obras de teatro y en una ocasión mientras trabajaba como asistente de actores en una película de John Frankenheimer, Burt Lancaster le dijo que debería probar la dirección, consejo que siguió para beneficio del cine. Su carrera como director es a mi entender una de las más respetables en el reciente cine estadounidense, bastaría citar algunos de sus logros para darnos cuenta de la impresionante aportación al cine que hizo este eficaz autor cinematográfico. Siempre correcto en su oficio y destacado por su gran dirección de actores, deja un legado rico difícil de igualar. Vayan pues mis títulos favoritos de su brillante carrera:
Sydney Lumet es uno de esos casos excepcionales que se mueven en el ambiente del cine de Hollywood. A sus 84 años acaba de estrenar su más reciente filme, y no podemos decir su último pues ya prepara otro. En sus inicios trabajó como actor de teatro y luego se dedicó a la dirección teatral y de ahí pasó a la televisión donde dirigió una gran cantidad de programas dramáticos en vivo. Esto le dio una experiencia que llevaría al cine, cuando en 1954, Henry Fonda le propuso la dirección de la película 12 hombres en pugna, en la cual fungía como actor y productor. Acostumbra tener grandes actores en sus películas a los cuales dedica un tiempo de ensayo antes de la filmación, como si fuera obra de teatro, de tal manera que llegan al rodaje con una gran preparación de sus personajes y de los movimientos de cámara. Tiene una carrera que algunos considerarían llena de altibajos, pues a dirigido tantas malas películas como buenas, pero en todas siempre aporta la visión de un hombre profundamente comprometido con su trabajo. Eso le ha traído cerca de 50 nominaciones al Oscar y al Globo de Oro tanto como director como a sus actores. Ha dirigido cerca de 40 largometrajes y de ellos destaco entre otros: 12 hombres en pugna, Larga jornada hacia la noche, El grupo, Serpico, Tarde de perros, Network, El príncipe de la ciudad, El veredicto, y su más reciente Antes que el diablo sepa que has muerto. En donde muestra a sus 84 años que aún es capaz de dirigir una buena película; nos cuenta la historia de Andy y Hank, dos hermanos fracasados en su matrimonio y en sus carreras que deciden robar la joyería de sus padres para aliviar sus deudas personales. Contada de manera fragmentada y con flashbacks que permiten seguir la historia desde todos los ángulos y retomar la acción en el presente. Marisa Tomei, Albert Finney y la reciente escareada Amy Ryan acompañan a Ethan Hawke y Philp Seymour Hoffman, en un sólido cuadro de actores con la tradicional capacidad de Lumet para sacar lo mejor de ellos. En una época en que Hollywood se dedica a explosiones, efectos especiales y persecuciones de autos, por no mencionar a los remakes fallidos por doquier, un octagenario les viene a recordar la mejor virtud del cine estadounidense...contar sólidas historias. Por cierto el guión es de Nelly Masterson quien debuta en cine con este trabajo y tardó siete años en llevarlo a la pantalla hasta que Lumet se interesó. No pudo caer en mejores manos.

La nueva película de los hermanos Joel y Ethan Coen, está basada en una novela de Comac Mc Carthy. En ella se narra al historia de un veterano de la guerra de Vietnam (Josh Brolin) que encuentra una maleta llena de dinero del narcotráfico fronterizo y decide quedarse con ella. Pronto los narcotraficantes y un asesino singular (Javier Bardem) se lanzarán en su persecución, mientras el Sheriff (Tommy Lee Jones) sigue las investigaciones y hace un recuento de los hechos dando un toque de humor y filosofía texana.
Los hermanos Coen tienen una vasta cultura cinematográfica que los hace moverse con soltura en los terrenos de diversos géneros, pero es en este tipo de películas donde alcanzan su mejor momento con la combinación de drama y un toque de humor. La película tiene muy buenos diálogos y las actuaciones sobresalientes de Brolin y Bardem. Mientras de Tommy Lee Jones, da muy bien el tipo de sheriff a punto de jubilarse en un mundo del crimen que no alcanza a comprender.
Teniendo como paisaje el desierto y los moteles, los Coen narran una vibrante historia de personajes despiadados en un mundo criminal.
En ocasiones la televisión es una manera de ponerse al día con películas que no encuentran exhibición en las pantallas nacionales. Este es el caso de la cinta Sounds of sand (Si le vent soulève les sables) que dirige la cineasta belga Marion Hansel. Basada en la novela Chamelle de Marc Durin-Valois, es la historia de un maestro de escuela en un pueblo en el noreste africano, que está a punto de desaparecer por la pobreza y la falta de agua. Esto motiva la migración de todos hacia el norte. Pero Rahne, el maestro, decide migrar, contra la opinión de la mayoría, hacia el este con su esposa Mounah y sus tres hijos. Llevando tan solo un poco de ropa, un camello y unas pocas cabras, se internan en el corazón del desolado paisaje africano para ir en busca de nuevas oportunidades. El viaje se convertirá en una lucha por la sobrevivencia. En el camino se encuentran con rebeldes armados de uno y otro bando, a la falta de agua y al desierto implacable que cobra la vida a quienes se atreven a cruzarlo.
Aprovechando el paisaje desértico, Hansel y su fotógrafo, construyen una bella metáfora sobre la supervivencia y la unión familiar a costa del precio que se exige el entorno.
El desarrollo de los lazos afectivos entre el padre y la niña durante el viaje, se convierte en el drama del mensaje final de la historia.
La cinta se beneficia de una actuación sobria del padre (Isaka Sawadogo), la madre (Carole Karemera)y sobre todo de la hija Sasha (Asma Norman) , quienes sin grandes alardes histriónicos nos conmueven en su lucha por sobrevivir a toda costa o morir dignamente. Una música sencilla que aparece brevemente para “puntear” algunas secuencias completa esta acertada película. Con unos pocos personajes y el desierto como escenario del drama familiar y de un continente, Marion Hansel realiza una película emotiva y llena de amor por la familia.
Dicen que la realidad supera a la ficción, y en el campo del cine no tengo duda de que ello es verdad. Después de ver la insípida entrega del premio Oscar en su 80 aniversario y las películas premiadas o nominadas, me convenzo que hoy el mejor cine se lleva a cabo en el terreno del documental y también del cortometraje.
Acabo de ver INVISIBLES, el documental producido por Javier Bardem y con el apoyo de Médicos sin fronteras y varios cineastas como Wim Wenders, Isabel Coixet, y Fernado León de Aranoa entre otros y reciente ganador al GOYA 2008.
Conocer la terrible experiencia de las niñas y mujeres violadas en Africa, las historias de los niños soldados, secuestrados para ser entrenados para matar, la falta de medicinas para combatir la enfermedad del sueño en Africa y la enfermedad del chagas en Bolivia, o los desplazados en Colombia por las FARC y el ejército es de un impacto que ninguna película de ficción puede conseguir hoy en día, salvo algunas contadas excepciones. Wim Wenders realiza su mejor trabajo en años, al contar la historia de las mujeres violadas, se vale de su experiencia en el campo de la ficción para dotar a su corto de una desgarradora visión para trasmitir la violencia que azota a las mujeres africanas, a través de recursos cinematográficos para ilustrar esos crímenes invisibles. Esta fuerza, hace años que Wenders no consigue en sus trabajos de ficción.
En México ni duda cabe que lo mejor de nuestra cinematografía se encuentra en el documental y el cortometraje y, creo que en general podemos encontrar en los grandes circuitos de festivales internacionales lo mismo. Poco a poco el género documental se instala en las pantallas de nuestras salas, ahora se lleva la gira por varias ciudades de AMBULANTE, proyecto de Diego Luna y Gael García Bernal con documentales muy diversos.
Quizás por ello, sin darme cuenta en realidad, pues llegó de manera natural, preparo mi siguiente proyecto cinematográfico como un documental. Apenas estoy en la etapa de investigación y de acercarme al tema y a las personas que serán motivo del mismo. Existe un barrio muy antiguo en este puerto llamado La Huaca, construído en el siglo XVII en las afueras de la ciudad amurallada de Veracruz y habitada, en aquellos años, en su mayoría por una población negra. Hoy resisten el paso del tiempo varios patios y habitaciones que datan de entonces, las historias que recorren los corredores de estas vecindades son reveladoras y han logrado mi atención. Les daré voz a través del documental, para que no queden en el olvido.



Este 18 de enero pasado, se presentó en el CEVART el poemario de Alicia Flores. Gran promotora de la cultura en su natal Las Chopas Ver. a través de la Unión de Escritores Veracruzanos, de la cual es delegada. Se contó con la presencia de Reynaldo Carballido, Martha Elsa Durazzo y Alejandro Schwartz, director del Centro. Ante una nutrida concurrencia se leyeron comentarios del nuevo libro, y la autora leyó algunos de sus poemas favoritos. habrá una próxima presentación del libro en el Distrito Federal de la cual avisaremos oportunamente.
En la historia de la cinematografía se han dado grandes colaboraciones entre un director y un actor, por mencionar tan solo algunos, vale la pena recordar a John Ford y John Wayne, Akira Kurosawa y Toshiro Mifune, Francois Truffaut y Jean Pierre Leaud, Ingmar Bergman y Max Von Sydow, pero sin duda la pareja más singular, en mi opinión, han sido Werner Herzog y Klaus Kinski.
Werner Herzog pertenece a esa gran generación de cineastas de los años 70,s que se dio en llamar El nuevo cine alemán, y del cual forman parte Wim Wenders, Volker Schlöndorff, Rainer Werner Fassbinder y Peter Lilienthal entre otros. Sin duda alguna es el más original de ellos y el que mejor resiste al paso de tiempo, hasta nuestros días, con obras como Grizzly Man y Rescue Dawn.
Herzog y Kinski se conocieron a los trece años y compartían una misma pensión, en donde Herzog pudo ya darse cuenta del comportamiento tan singular de su amigo. Años después lo vería en una cinta de guerra y su imagen en la pantalla lo impresiona. Ocho años después de la muerte de Klaus Kinski, en 1991, Herzog se da a la tarea de filmar el documental "Mi mejor amigo" o " Mi mejor enemigo" como se le conoce en español, en donde nos lleva de la mano a la casa donde se conocieron, a Praga donde filmó Woyzeck y a la selva amazónica donde filmó Fitscarraldo y Aguirre: la ira de Dios.
Kinski era un actor exagerado, iracundo, violento, mentiroso y de un comportamiento muy errático. Tenía sus momentos de calma y dulzura, pero era el preludio de sus arranques. Herzog, por otro lado era la contraparte, calmado, genial, tozudo y capaz de llevar un barco por la montaña y que su equipo lo siguiera en ello. Su relación era una auténtica de amor y odio. Herzog, con una franqueza brutal, relata que llegó a pensar en dar la orden a los indígenas para que mataran a Kinski, y se nos muestra una escena donde el jefe de los indígenas actuando a un lado de Kinski deja ver la violencia contenida de la tribu hacia el actor.
Claudia Cardinale menciona la parte dulce y calmada del actor y lo bien que se portó durante los 17 días del rodaje donde ella participó, igualmente una actriz alemana lo alaba por su dulzura durante la filmación de Woyzeck, sin embargo un actor latino, comenta como Kinski lo atacó con una espada que le descargó en la cabeza, y solo de milagro sacó un herida cuya cicatriz aún lleva.
El documental muestra a dos hombres en lucha, en su amistad y en su relación conflictiva profesional. Son quizás las dos caras de una misma moneda y en cuyo lado se intercambian.
Filmaron cinco películas entre 1972 y 1987, al termino de la última, "Cobra Verde", Herzog decide cortar todo vínculo con Kinski, pues para él, toda su fuerza se había extinguido. Quizás, el mismo Herzog, contribuyó a ello. Es un documental que destruye la figura de Kinski y a la vez un homenaje a un actor singular. La imagen final muestra a un Klaus Kinski, sereno, sonriendo y con una mariposa que se posa en su mano y en su rostro. Imagen que Werner Herzog... había tirado a la basura.
Este primero del año lo inicié con un fuerte malestar estomacal que me tuvo en cama, por lo que aproveché para agarrar un libro y ver una película. Del libro posteriormente hablaremos, la ciinta tiene como nombre en inglés de Bucket List. Está dirigida por Rob Rainer y estelarizada por Jack Nicholson y Morgan Freeman. La trama es sencilla, dos hombres enfermos de cáncer se conocen en un cuarto de hospital, al confirmarse su condición terminal, deciden hacer una lista de actividades que hacer para sus últimos días. Tirarse en paracaidas, manejar un mustang clásico a toda velocidad, viajar por el mundo y en el trayecto irse conociendo y resolviendo sus propios problemas personales, en uno con su familia y en otro con su hija.
Rob Rainer es un director típico de Hollywood que posee la capacidad de tratar temas de todo tipo sin resbalar estrepitosamente, por ello apoyado por las actuaciones de sus dos estrellas lleva a buen rumbo este drama light. Nicholson está con sus acostumbrados gestos y sonrisa socarrona, mal humor y encanto. Freeman, con su grave voz soltada de manera pausada. conocedora y una mirada profunda y experimentada. Es un deleite ver a estos dos actores en la plenitud de sus facultades actorales haciendo lo que hacen mejor; interpretarse a si mismos.
Bueno si uno está en cama con la panza revuelta, no puede pedir más para empezar el año. Por lo pronto esto basta.
En un equipo de rodaje, el fotógrafo y los actores son quienes están más cerca de comprender el trabajo del director. Por ello no es extraño que algunos se dediquen a la dirección de una película. Los fotógrafos normalmente se dedican al cine de acción o a cintas comerciales, como es el que caso de Jon de Bont y algunos otros que escapan a mi memoria. Los actores en cambio realizan cintas más personales y ejemplos hay varios; Robert de Niro, Jack Nicholson, Clint Eastwood, Al Pacino o Sean Penn. Unos y otros con aciertos y fracasos. Hay quienes dirigieron una con gran acierto, como Charles Laugthon con “La noche del cazador” y otros como Marlon Brando que fracasaron con su película “One-Eyed Jacks”.
Nada hacia suponer, sin embargo, que un actor muy limitado como lo es Ben Affleck se pusiera detrás de las cámaras para debutar como director con “Gone baby Gone” o “Desaparecida una noche”, basada en una de las cuatro novelas con la misma pareja de detectives, de Dennis Lehane, quien es además autor de “Mystic River” y que Clint Eastwood llevara con éxito a la pantalla también.
La cinta narra el secuestro de una niña en un barrio de Boston, pasados tres días la familia de la niña contrata a un par de jóvenes detectives para que ayuden a la policía con información hacia adentro del barrio. No solo trabajan como socios, sino como pareja sentimental también, y desde el inicio ambos tendrán posiciones encontradas sobre involucrarse en la investigación. El jefe de la policía local los pone en contacto con dos veteranos detectives que llevan el caso y la investigación entra en un espiral donde nada significa como lo vemos. Las pruebas están frente a nosotros y deberemos ir descubriendo como interpretarlas juntos con los investigadores.
La cinta presenta un barrio de Boston corrupto y violento, donde todo mundo esconde secretos y se encuentra conectado con la drogadicción y la familia disfuncional, algo que ocurre hoy en día en los Estados Unidos. Ben Affleck conoce muy bien Boston y sus alrededores, pues ya con Mark Damon, habían logrado un retrato muy logrado de la clase trabajadora, en la cinta “Good will hunting” con la cual obtuvieron el Oscar al mejor guión.
Apoyado en un reparto de actores veteranos como Morgan Freeman, Ed Harris, Amy Madigan, John Ashton y Amy Ryan, recientemente nominada al Golden Globe por su actuación en esta cinta y, sobre todo por la pareja de Casey Affleck y Michelle Monaghan, como los improbables detectives, más dedicados a casos de bancos y problemas familiares que a delitos mayores, Ben Affleck construye una cinta donde la posición moral de los personajes es vital para ir desgranando la maraña de mentiras que están alrededor del secuestro. Y es esta parte del guión, lo que hace interesante y lograda la cinta. Como en las grandes novelas del género negro, el detective tendrá que poner a prueba su moral ante los sucesos que le toca descubrir, aunque el costo de ello sea doloroso.
La película cuenta con algunos momentos que se resuelven de manera apresurada con elipsis y pocas explicaciones, como algunas acciones del detective, de las cuales logra salir sin más investigación o acusación policíaca. El papel de los medios sobre el secuestro solo se utiliza parcialmente y en ocasiones es poco creíble que la madre y los detectives actúen frente a la prensa sin ser interrogados o asediados. El personaje de la Tía, desaparece fácilmente para poder dar acomodo a la escena final, que por cierto es muy acertada. Salvo estos pequeños detalles, la cinta es muy consistente y lograda. Quizás el verdadero talento de Ben Affleck esté en la dirección y el guión, cuando menos esta cinta parece sugerirlo. Ya veremos.
Javier Malagón y Miriam Perales
Hugo Barbero y Roberto Goijman
Félix Pacheco y Martha Elsa Durazzo

Queta Gómeznava, Javier Malagón y Daniel Wence
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